01/10/2006
La supuesta
paz que debía haber puesto término
al contencioso saharaui no se vislumbra
aún en el horizonte a pesar de
un cese del fuego que dura ya quince
años, más de cincuenta
informes, cien mociones y un sinfín
de resoluciones de Naciones Unidas aprobadas
por el Consejo de Seguridad que reafirman
en su conjunto el principio de autodeterminación,
y por ende, la organización del
referéndum que venía defendiendo
esta instancia hace más de cuarenta
años atrás.
Sin embargo, Marruecos, hace oídos
sordos a tales llamamientos y se despega
obviamente de todos los compromisos
contraídos con la comunidad internacional,
como son el plan de arreglo de 1991
o los acuerdos de Houston de 1997, que
avalan la celebración del plebiscito
inmediatamente después de la
publicación de los resultados
de la comisión de identificación,
que salieron a la luz en enero de 2000.
Paradójicamente,
con la publicación de la nómina
de los futuros votantes el reino de
Marruecos mostró total escepticismo
hacia la consulta lo que lo llevó
de nuevo arrimarse a su habitual política
de fuga hacia la nada. El record de
visitas y encuentros de diferentes
secretarios generales y enviados especiales
a la región descubrieron fehacientemente
la falta de voluntad política
en el reino para solventar el largo
conflicto que lo enfrenta con los
saharauis.
La serie de rondas
de conversaciones entre las dos partes
y las Naciones Unidas, que atestiguan
ciudades como Nueva York, Houston,
Lisboa, Berlín, Madrid, Paris,
Argel, Rabat, Nuagchot y los campamentos
de refugiados saharauis no han allanado
el camino a la paz.
Después
de estas reuniones se ha evidenciado
que la cuestión saharaui está
sujeta a marañas maquiavélicas
que aparecen y desaparecen con la
renovación de cada periodo
de secretario general y la llegada
de un nuevo enviado especial, lo que
compromete a Naciones Unidas y la
comunidad internacional a hacer un
repaso exhaustivo de la misión
en el territorio, después de
más de un decenio de presencia
y de promesas incumplidas.
Hecho que llevó
a Baker después de dos años
de tira y afloja a la cabeza del dossier
a tirar la toalla al descubrir igualmente
que el conflicto está pendiente
de una dualidad de criterios ambiguos.
Mans tomó la misma decisión
en los primeros momentos, seguido
por el norteamericano Ruddi, y el
italiano Basagli no quiso perder más
tiempo, selló recientemente
su maleta y regresó a donde
vino.
A medida que
transcurre el tiempo, todas las maniobras
y artimañas salen a flote,
y se desenmascaran los intentos de
desvirtuar las reglas jurídicas
que llevan a un desliz inaceptable
en un tema de descolonización.
La historia, en este caso, no se puede
repetir como lo ocurrido en 1975,
y extraer de los viejos archivos repartos
incongruentes y soluciones menguantes
que tienen como fin roer una resistencia
interna y externa que ya nadie podrá
poner en tela de juicio, como atestigua
la propia Naciones Unidas.
No es honorable
entonces que el Secretario General
de Naciones Unidas en los momentos
del fin de su mandato muestre una
clara rendición al insinuar
ciertas fórmulas nocivas, situadas
entre la legalidad internacional y
el hecho consumado de la ocupación,
lo que asegura un fiasco de la misión.
Es patente, pues,
que algunos miembros del Consejo de
Seguridad no desean mover fichas hacia
una verdadera solución, entre
estos se destaca el gobierno galo
que apoya las pretensiones anexionistas
marroquíes. Por el contrario,
los saharauis no tienen quien les
defienda.
En los últimos
años se suma a la posición
francesa la del gobierno español
que avala a los cuatros vientos la
posición franco-marroquí.
La complicada agenda internacional
obliga a Estados Unidos a tomar una
posición de pase de facturas
en virtud de sus intereses que priman
en un juego de roles en diferentes
regiones convulsas como Irak, Líbano,
pasando por Palestina o Sudán.
En este juego
se incorpora el enviado especial del
secretario general, el señor
Piter Van Walsun con la pócima
de aproximación entre la legalidad
y el hecho consumado de la ocupación,
Pérez de Cuellar se fue sin
haber concretado los “célebres”
criterios de identificación,
Butros Gali no aportó nada
nuevo, y el más astuto de todos
ellos fue, sin duda, Baker que quiso
resolver el contencioso a través
de una regla de juego donde primara
el principio de la “equitatividad”,
pero sabiendo de antemano que no tendría
ningún éxito en su experimentación,
fundamentada en lo imposible.
La conjura marroquí
de dar la espalda al proceso en marcha
puede acarrear consecuencias nefastas.
Es hora entonces que el enviado especial
de ONU sepa cómo sobrepasar
el difícil trance por el que
pasa la cuestión de descolonización.
Ojala que el próximo 31 de
octubre las manecillas del reloj no
vuelvan a la hora cero y se entierren
los loables esfuerzos de la comunidad
internacional. Por ello, esa misma
comunidad internacional está
llamada más que nunca a no
ceder a la sinrazón. En ningún
caso la Minurso tendrá que
convertirse en un baluarte de la anexión
de un pueblo condenado a vivir entre
los horrendos hechos de la ocupación
y las duras condiciones de un exilio
indefinido. Es inaceptable por lo
tanto, que la misión de paz
de Naciones Unidas tome el mismo derrotero
que tomaron los recortes de ayuda
humanitaria destinada a los refugiados
con el propósito de hacerles
desistir de su ideal independentista.