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Verano de acogida
   
  
  
Publicada: 24/08/2003
Autor: El Puerto Información
  
  
  

Desde hace diez años, la asociación Amal Esperanza trae a El Puerto un grupo de niños saharauis, que son acogidos durante el verano por varias familias portuenses, permitiéndoles durante este tiempo disfrutar de una forma de vida más cómoda, alejada de las enormes dificultades que padece la población en los campos de refugiados.


Visita al CRA (08/08/03)
La zona geográfica que comprende Marruecos y el noroeste del Sáhara ha sido durante décadas un territorio en el que las potencias coloniales se han disputado sus intereses, provocando una continua sucesión de conflictos armados. Con la firma de los acuerdos de Madrid de 1975, España, hasta entonces administradora de los territorios, entrega la posesión de éstos a Marruecos y Mauritania. Inmediatamente después de que la presencia española en la zona cesara, los marroquíes comenzaron a ejercer su dominio sobre los territorios del Sáhara occidental, lo que obligó a la población de estas tierras a huir a la vecina Argelia.

En estos campos de refugiados cercanos a la ciudad de Tinduf más de ciento cincuenta mil personas se ven obligados a subsistir bajo durísimas condiciones de vida, en un desierto hostil y pedregoso en el que el terreno fértil es casi inexistente, lo que impide que puedan dedicarse a la agricultura o a la ganadería. Prácticamente viven de la ayuda humanitaria enviada por distintas organizaciones, instituciones y organismos.

Andalucía es una de las regiones españolas más implicadas en la ayuda a esta causa. En 1992, Izquierda Unida emprendió la iniciativa de que familias portuenses acogiesen durante el verano a un grupo de niños saharauis. La asociación Amal Esperanza, con sede en El Puerto, lleva funcionando desde el año siguiente, con el objetivo de prestar ayuda humanitaria a la población saharaui. Desde su puesta en marcha, esta asociación quiso tomar el relevo del proyecto llevado a cabo por el partido político, trayendo desde entonces a grupos de niños para que pasen los meses de julio y agosto con una familia en la ciudad.

A estos niños y niñas, año tras año, se les ofrece la oportunidad no sólo permanecer varias semanas alejados de las duras condiciones de vida del desierto, sino de poder beneficiarse del contacto con una cultura tan rica como es la española. Del mismo modo, algunos miembros de la asociación manifiestan que tienen proyectos en mente para poder dirigir la ayuda que prestan también a aquellos más desfavorecidos, como los más pobres o los afectados por minusvalías físicas o psíquicas.

A finales de junio comenzaron a llegar los niños a distintas ciudades como Cádiz, Chipiona, Rota, Puerto Real además de El Puerto de Santa María. Desde entonces han podido experimentar algunas de las costumbres más típicas de los españoles. Los niños parecen encantados de poder vivir un tiempo en España y poder conocer un país tan distinto al suyo. Los adultos, más felices incluso que los pequeños, comentan lo enormemente positiva que resulta la experiencia de acoger en su casa a uno de estos jóvenes saharauis.

Durante este tiempo todos los niños y niñas han disfrutado de la convivencia diaria con sus familiares y vecinos, sintiéndose como uno más. Además han realizado excursiones, como las que les llevaron al Centro de Recursos Ambientales, a Visteón o a Acuapark.

Aunque hace unos días comenzaron a salir los primeros vuelos de regreso desde algunas ciudades de la provincia, debido a un problema de plazas en los aviones la salida de los niños acogidos en El Puerto ha tenido que retrasarse hasta el próximo día 10 de septiembre. Para poner el broche de oro a esta experiencia, el viernes se celebró una convivencia entre familias y acogidos que sirvió de fiesta de despedida.

A estas alturas, es admirable ver cómo el encuentro de dos culturas tan diferentes puede llegar a originar tantos momentos en los que brille la solidaridad, la afectividad y el mutuo entendimiento. A su vuelta al hogar, todos los niños llevarán consigo recuerdos imborrables, como la estancia con sus familias de acogida, o incluso el asombro inicial de contemplar el mar, que algunos nunca habían visto antes pero que seguro que jamás olvidarán. Los interesados pueden contactar con la asociación en www.amalesperanza.org.


Los niños han mostrado enorme facilidad para adaptarse a nuestras costumbres
Lo primero que nos podemos preguntar al oir acerca del proyecto de acogida es qué resultado dará la experiencia de hacer convivir durante dos meses a personas de tan distinta procedencia. Los niños, de religión musulmana y acostumbrados a una forma de vida completamente distinta, se han adaptado perfectamente a las costumbres españolas, según han asegurado algunos de los miembros. Aunque son pequeños, de siete a doce años de edad, algunos algo más mayores ya se están iniciando en los ritos musulmanes como son, entre otros, rezar cinco veces al día o no comer cerdo. Trinidad Domínguez comenta que, ante todo, la familia respeta sus costumbres y les permiten mantenerlas con total libertad. El idioma tampoco supone un problema para mantener la comunicación. Los niños hablan el hassania, un dialecto derivado del árabe, aunque desde pequeños, en las escuelas se les enseña a hablar el español. A pesar de estas diferencias culturales, familias y acogidos han demostrado, año tras año, que son capaces poder convivir, creando un ambiente de comprensión y tolerancia.

 

 


 

 
  
  
  
  
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