Desde
hace diez años, la asociación
Amal Esperanza trae a El Puerto un
grupo de niños saharauis, que
son acogidos durante el verano por
varias familias portuenses, permitiéndoles
durante este tiempo disfrutar de una
forma de vida más cómoda,
alejada de las enormes dificultades
que padece la población en
los campos de refugiados.

Visita al CRA (08/08/03) |
La
zona geográfica que comprende
Marruecos y el noroeste del
Sáhara ha sido durante
décadas un territorio
en el que las potencias coloniales
se han disputado sus intereses,
provocando una continua sucesión
de conflictos armados. Con la
firma de los acuerdos de Madrid
de 1975, España, hasta
entonces administradora de los
territorios, entrega la posesión
de éstos a Marruecos
y Mauritania. Inmediatamente
después de que la presencia
española en la zona cesara,
los marroquíes comenzaron
a ejercer su dominio sobre los
territorios del Sáhara
occidental, lo que obligó
a la población de estas
tierras a huir a la vecina Argelia. |
En estos campos
de refugiados cercanos a la ciudad
de Tinduf más de ciento cincuenta
mil personas se ven obligados a subsistir
bajo durísimas condiciones
de vida, en un desierto hostil y pedregoso
en el que el terreno fértil
es casi inexistente, lo que impide
que puedan dedicarse a la agricultura
o a la ganadería. Prácticamente
viven de la ayuda humanitaria enviada
por distintas organizaciones, instituciones
y organismos.
Andalucía es una de las regiones
españolas más implicadas
en la ayuda a esta causa. En 1992,
Izquierda Unida emprendió la
iniciativa de que familias portuenses
acogiesen durante el verano a un grupo
de niños saharauis. La asociación
Amal Esperanza, con sede en El Puerto,
lleva funcionando desde el año
siguiente, con el objetivo de prestar
ayuda humanitaria a la población
saharaui. Desde su puesta en marcha,
esta asociación quiso tomar
el relevo del proyecto llevado a cabo
por el partido político, trayendo
desde entonces a grupos de niños
para que pasen los meses de julio
y agosto con una familia en la ciudad.
A estos niños y niñas,
año tras año, se les
ofrece la oportunidad no sólo
permanecer varias semanas alejados
de las duras condiciones de vida del
desierto, sino de poder beneficiarse
del contacto con una cultura tan rica
como es la española. Del mismo
modo, algunos miembros de la asociación
manifiestan que tienen proyectos en
mente para poder dirigir la ayuda
que prestan también a aquellos
más desfavorecidos, como los
más pobres o los afectados
por minusvalías físicas
o psíquicas.
A finales de junio comenzaron a llegar
los niños a distintas ciudades
como Cádiz, Chipiona, Rota,
Puerto Real además de El Puerto
de Santa María. Desde entonces
han podido experimentar algunas de
las costumbres más típicas
de los españoles. Los niños
parecen encantados de poder vivir
un tiempo en España y poder
conocer un país tan distinto
al suyo. Los adultos, más felices
incluso que los pequeños, comentan
lo enormemente positiva que resulta
la experiencia de acoger en su casa
a uno de estos jóvenes saharauis.
Durante este tiempo todos los niños
y niñas han disfrutado de la
convivencia diaria con sus familiares
y vecinos, sintiéndose como
uno más. Además han
realizado excursiones, como las que
les llevaron al Centro de Recursos
Ambientales, a Visteón o a
Acuapark.
Aunque hace unos días comenzaron
a salir los primeros vuelos de regreso
desde algunas ciudades de la provincia,
debido a un problema de plazas en
los aviones la salida de los niños
acogidos en El Puerto ha tenido que
retrasarse hasta el próximo
día 10 de septiembre. Para
poner el broche de oro a esta experiencia,
el viernes se celebró una convivencia
entre familias y acogidos que sirvió
de fiesta de despedida.
A estas alturas, es admirable ver
cómo el encuentro de dos culturas
tan diferentes puede llegar a originar
tantos momentos en los que brille
la solidaridad, la afectividad y el
mutuo entendimiento. A su vuelta al
hogar, todos los niños llevarán
consigo recuerdos imborrables, como
la estancia con sus familias de acogida,
o incluso el asombro inicial de contemplar
el mar, que algunos nunca habían
visto antes pero que seguro que jamás
olvidarán. Los interesados
pueden contactar con la asociación
en www.amalesperanza.org.
Los niños
han mostrado enorme facilidad para
adaptarse a nuestras costumbres
Lo primero que nos podemos preguntar
al oir acerca del proyecto de acogida
es qué resultado dará
la experiencia de hacer convivir durante
dos meses a personas de tan distinta
procedencia. Los niños, de
religión musulmana y acostumbrados
a una forma de vida completamente
distinta, se han adaptado perfectamente
a las costumbres españolas,
según han asegurado algunos
de los miembros. Aunque son pequeños,
de siete a doce años de edad,
algunos algo más mayores ya
se están iniciando en los ritos
musulmanes como son, entre otros,
rezar cinco veces al día o
no comer cerdo. Trinidad Domínguez
comenta que, ante todo, la familia
respeta sus costumbres y les permiten
mantenerlas con total libertad. El
idioma tampoco supone un problema
para mantener la comunicación.
Los niños hablan el hassania,
un dialecto derivado del árabe,
aunque desde pequeños, en las
escuelas se les enseña a hablar
el español. A pesar de estas
diferencias culturales, familias y
acogidos han demostrado, año
tras año, que son capaces poder
convivir, creando un ambiente de comprensión
y tolerancia.