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Resulta
curioso que, en el umbral
del siglo XXI, aún
tengan cabida en el panorama
internacional estados
colonialistas, como es
el caso de Marruecos.
El país alauita
mantiene sometido desde
hace casi 30 años
al pueblo saharaui, pero
todavía existen
muchas organizaciones
que desde fuera intentan
contribuir al proceso
emancipador de esta nación
desposeída. La
asociación Amal
Esperanza es una de ellas,
y su presidente, Jesús
Espinar, nos explica la
trayectoria que ha tenido
este colectivo desde sus
inicios. |
–¿Cómo
y de qué manera nace
la asociación Amal Esperanza?
Tiene
su origen en el año 93.
Parte de que 23 familias, que
apenas nos conocíamos,
nos juntamos para la acogida
de niños tras una propuesta
que nos hizo Izquierda Unida.
La experiencia maravillosa de
ese verano, en el que pasamos
muchos momentos juntos y se
hicieron más fuertes
los lazos de amistad, nos creó
conciencia para que nos planteásemos
la posibilidad de crear una
organización, al margen
de ninguna vinculación
política . De esta manera,
en octubre de ese mismo año
nació la asociación
como tal.
–Y entonces
quisieron ir a más...
La
experiencia de esos días
nos hizo recapacitar y pensar
en la posibilidad no sólo
de acoger a los niños
en periodo vacacional, sino
de plantearnos un futuro de
apoyo y solidaridad con ese
pueblo. Decidimos asociarnos
para darle un carácter
más serio y de continuidad,
que no sea algo esporádico
que nace en un momento en concreto,
en verano.
–¿Usted
dirige la asociación
desde el principio?
No.
Yo al principio formaba parte
de la asociación pero
no la dirigía. Trabajaba
más a nivel político
y sindical y participaba en
los actos. De todas formas,
aquí los cargos directivos
no presuponen el mando, sino
que están más
bien para coordinar y responsabilizarse
de las actividades. Nosotros
trabajamos por comisiones de
trabajo y cada uno tiene una
tarea concreta.
–¿Que
clase de actividades hacen a
lo largo del año?
Durante
estos años, Amal Esperanza
ha intentado adaptarse a la
situación política
del momento y también
a las necesidades que observábamos
en los campos de refugiados.
Hasta hace tres años
nuestro planteamiento era más
reivindicativo y político,
a través no sólo
de los actos sino en la participación
en los movimientos de denuncia
de la situación.
–¿Y
poco a poco fue tornándose
en una labor más solidaria?
Nos
volcamos más en la ayuda
humanitaria pero sin olvidar
la reivindicación. Los
dos conceptos se aúnan
perfectamente. Nuestra labor
solidaria tiene siempre un trasfondo
político. Ese es el sentido
de Vacaciones en Paz, que consiste
en traer a los niños
saharauis para que pasen el
verano aquí. Ellos son
los mejores embajadores para
mostrar la situación
de su pueblo. Lo mismo ocurre
con las exposiciones que montamos
en los institutos.
–¿Los
pequeños son los grandes
beneficiados de su trabajo?
Nosotros
nos dirigimos de una manera
especial a la capa más
desposeída, nos centramos
en los que están más
marginados y tienen peor calidad
de vida dentro de la escasez
reinante en la zona. Y es que,
hasta en los campamentos de
refugiados, se da la paradoja
de las diferencias de clase.
Por ello, en la actualidad estamos
trabajando con los niños
que tienen algun tipo de deficiencia
psíquica y, por supuesto,
nuestra labor está dirigida
fundamentalmente a la formación
e integración de la mujer
y a facilitar su tarea tanto
a nivel político como
social.
–¿Y
qué logros han conseguido
durante todos estos años?
Principalmente,
los miembros de la asociación
nos hemos hecho más persona.
Y en otro sentido, hemos conseguido
que muchos portuenses sean conscientes
a través de nuestros
actos de una realidad: la opresión
del pueblo saharaui.
–¿Y
por qué el Sáhara,
y no otros países que
también atraviesan por
momentos muy delicados?
Por
la forma en que llegó,
por lo que he dicho antes de
la adopción de los pequeños.
Y también por la deuda
histórica que tenemos
con este pueblo hermano, que
en su día fue provincia
española y que la dejamos
tirada en el 75.
–¿Cómo
se llevan con el resto de asociaciones
de la ciudad?
No
tenemos ningún problema.
Nosotros pertenecemos al Foro
Social y con el resto de organizaciones
que trabajan allí tenemos
unos lazos muy estrechos, colaboramos
muchas veces con ellas y nos
ayudamos en nuestra labor solidaria.
–¿Y
con los partidos políticos?
Hay
que llevarse bien. La ventaja
es que nuestro color no se define,
somos personas libres y a nadie
se le pide el carnet de ninguna
fuerza política. Eso
sí, la gente que forma
parte de movimientos de este
tipo suele ser de izquierdas,
pero por encima de todo está
la gente que nos necesita.
–¿Cuentan
con la ayuda de las empresas?
Pues
depende. La española
no suele dedicar parte de su
presupuesto a la labor humanitaria.
En cambio, la extranjera contempla
esta posibilidad y disponen
de un dinero para invertir en
recursos humanos, también
como medio publicitario. Un
ejemplo es Visteon.
–Sin
embargo, sí reciben alguna
ayuda de los organismos públicos.
Es
curioso, porque a nivel local
no hemos tenido jamás
ningún problema con los
representantes políticos,
ha habido siempre un apoyo incondicional.
Además, se aprobó
en un pleno de hace poco que
el 50% del 0,7% iría
a parar a nuestra organización,
y de ese dinero han salido 120
placas solares que hemos llevado
a los campamentos en nuestro
último viaje.
–¿Cuáles
son sus proyectos más
importantes para el futuro?
Pues
prácticamente son los
mismos de siempre, aunque van
entrando nuevas perspectivas
en razón de que cada
vez que vas a un campamentos
se te abren nuevas posibilidades
de colaboración. Aún
así, existen proyectos
muy concretos en los que seguiremos
trabajando en el futuro.
Entrevista
realizada por: El Puerto Información