Las condiciones de vida son realmente
duras en los campamentos de refugiados
de Tinduf, máxime para el colectivo
de discapacitados psíquicos que
viven la marginación de la manera
más dramática. Por ello,
Amal y Afanas han diseñado un
proyecto para ofrecerles un tratamiento
y así consigan sobreponerse de
la mejor manera posible a su enfermedad.
Así, nueve pequeños saharauis
se encuentran ya en La Andreíta
con motivo de este programa solidario.
La vida es dura en los campamentos de
refugiados saharauis. La dureza del
desierto y los escasos recursos materiales
de los que disponen los habitantes les
sitúan en una encrucijada difícil,
una situación complicada en la
que la única solución
pasa por la recuperación de la
soberanía en el Sáhara
Occidental.
No obstante, las dificultades se extreman
para un colectivo, los disminuidos psíquicos,
que encaran su existencia con una grave
enfermedad. Por ello, Amal Esperanza
decidió que debían prestarle
especial atención y dedicación
para sacarles de esta situación
de marginalidad en que se encuentran
sumidos por culpa de su padecimiento.
Ahora muchos de los sueños de
estos niños se han hecho realidad.
La semana pasada, sus rostros irradiaban
felicidad cuando visitaron el Ayuntamiento
de la ciudad y fueron recibidos por
el alcalde.
Hasta nueve menores, de edades comprendidas
entre los 11 y los 16 años, enamoraban
a cada paso con sus sonrisas y recompensaban
el enorme esfuerzo de muchas personas
que han luchado para mejorar su calidad
de vida al menos durante un tiempo.
Y es que estas ‘vacaciones’
veraniegas no son más que la
punta del iceberg, un paso adelante
en un proyecto que arrancó hace
más de un año.
La idea surgió a raíz
de una visita de Amal Esperanza al centro
de discapacitados de la wilaya de Ausserd.
Los miembros de esta asociación
solidaria observaron la falta de recursos
materiales del lugar, que impedían
una evaluación y un diagnóstico
en condiciones de la enfermedad. “Así
que contemplamos la posibilidad de realizar
un programa especial con el fin de ofrecerles
un tratamiento idóneo a los pequeños”,
apunta la coordinadora del plan, Milagros
de la Cruz.
Amal le presentó el proyecto
a Afanas, que ya vivió una experiencia
parecida el año pasado con dos
saharauis deficientes y que resultó
muy positiva.
Como no podía ser de otra forma,
aceptaron la propuesta y pusieron a
disposición todos sus medios
para realizar los diagnósticos.
Por su parte, la empresa Visteon se
encargaría del aspecto económico.
En diciembre, la psicóloga Montaña
Guillén arribó a Tinduf
para hacer un primera selección
entre los menores que más se
ajustaran al perfil que buscaban. Allí
les realizó su primer diagnóstico
y escogió a los once afortunados
que pasarían dos meses de su
vida en El Puerto. No obstante, al final
se han descolgado dos pequeñas
por motivos familiares y por tanto los
responsables de Afanas están
trabajando actualmente con nueve críos.
A pesar de que apenas llevan días
en la ciudad, De la Cruz asegura que
están plenamente integrados con
los demás compañeros del
complejo de La Andreíta. “Han
ido a la playa, a la piscina, a la granja
de miel,... e incluso van a ir al parque
acuático dentro de poco”.
El mero hecho de viajar y conocer realidades
distintas les ayuda sobremanera en su
tratamiento, como confirma la coordinadora
de este solidario proyecto.
“El salir de su entorno forma
parte de la terapia, y les muestra cómo
existen otros chavales en sus mismas
condiciones”, declara Milagros
de la Cruz.
Esto no se queda aquí. Junto
a la joven expedición ha viajado
una monitora, Manilla, que está
aprendiendo la forma de trabajar con
estos discapacitados y que una vez en
el campamento será la responsable
de seguir con los tratamientos.
Con la ilusión por bandera, estos
pequeños estarán dos meses
en la ciudad, tiempo suficiente para
que disfruten de una calidad de vida
que se les niega en sus propias tierras.
En sus rostros se vislumbra un mensaje
de esperanza: Que todavía hay
mucha gente en este mundo que se preocupan
por los más desfavorecidos.
Un proyecto que tendrá su continuidad
de la mano de Manilla, la monitora
saharaui
Este proyecto solidario, organizado
conjuntamente por Amal Esperanza,
Afanas y Visteon, comenzó en
abril del año pasado y tendrá
su continuidad más allá
del verano. Y es que, junto a los
nueve niños deficientes que
ya se encuentran en las instalaciones
de La Andreíta, ha viajado
una monitora saharaui que será
la responsable de seguir con el tratamiento
cuando regresen a los campamentos
de refugiados. Manilla, que así
se llama esta especialista, está
aprendiendo la manera de trabajar
aquí, y en Tinduf pondrá
en práctica todos los conocimientos
adquiridos en este país. Por
otro lado, en el último viaje
de Amal al desierto argelino, los
miembros de la asociación llevaron
una importante dotación de
recursos materiales necesarios en
el centro de disminuidos psíquicos
de la wilaya de Ausserd. Una aportación
imprescindible no sólo para
los pequeños que han veraneado
en El Puerto, sino también
para aquellos que nunca podrán
pisar nuestra ciudad y que también
necesitan un tratamiento. Si todo
marcha bien, los menores deficientes
volverán a sus hogares a finales
de agosto, al igual que los otros
32 que han sido acogidos con motivo
de la campaña Vacaciones en
Paz.