Las familias portuenses despiden
a los niños saharauis que regresan
a Tinduf
Los rostros de los 39 niños saharauis
que partían ayer rumbo a Tinduf
(en Argelia), dejando en El Puerto su
segundo hogar, reflejaban una mezcla
de tristeza y alegría a la vez.
Una imagen que se repite cada año
a los pies de un autobús con
el que comienzan un largo camino de
regreso, y donde sus familias de acogida
les dejan, con un nudo en la garganta
y con la esperanza de volver a verlos
el próximo verano.
Llegadas las doce del mediodía,
y con la ‘resaca’ de la
fiesta de despedida celebrada la noche
anterior en el Polideportivo Municipal
de La Puntilla, la treintena de familias
portuenses que han participado en
el programa Vacaciones en paz, que
puso en marcha Amal Esperanza hace
ya once años (igual que hicieron
otras con distinto nombre en el resto
de la provincia y de Andalucía),
se acercaron hasta la avenida de la
Diputación para despedirse
de los pequeños, que vuelven
con sus familias felices y cargados
de regalos.
Sin duda, el día de ayer no
fue fácil, no sólo para
los niños saharauis que han
pasado unas semanas inolvidables en
un mundo totalmente diferente al suyo,
sino sobre todo para las familias
que los han acogido como a un hijo
más, y para los hijos de éstos,
que han encontrado un amigo con el
que compartir sus experiencias.
Acompañados por cuatro integrantes
de la asociación y por la monitora
de los nueve niños que formaban
parte del proyecto de discapacitados,
puesto en marcha gracias a la colaboración
de Afanas, los saharauis tenían
previsto unirse ayer a los demás
pequeños que han pasado sus
vacaciones en el resto de la provincia
de Cádiz, un total de 600,
que regresaban en avión vía
Málaga a los campamentos de
refugiados de Tinduf, según
el presidente de Amal Esperanza, Jesús
Espinar, quien recordó que
dos niños se quedan en El Puerto,
uno hasta noviembre, que regresará
después de ser intervenido
por un problema de garganta, y otro
todo el año, porque se tiene
que someter a una operación
de cataratas para que pueda recuperar
hasta un 70 por ciento de visión.
Para Jesús Espinar, y para
las demás familias que han
acogido este verano a saharauis, “ha
sido un año de experiencias
inolvidables, pues la presencia de
nueve niños discapacitados
ha supuesto un nuevo reto de acogida”.
De hecho, tanto éstos como
los demás niños se han
adaptado a esta situación temporal
sin problemas, no sólo los
que repetían la experiencia,
sino también los que venían
por primera vez.
La fiesta del viernes por la noche
sirvió para superar el “mal
trago” que todos iban a pasar
el sábado por la mañana
en la despedida, aunque Jesús
Espinar reconoce que “son once
años de experiencia y el mal
trago de todos los años”,
que se acaba pasando porque muchas
familias saben que el próximo
verano volverán a encontrarse.
Éste era el testimonio de
algunos de ellos, de los que llevan
varios años acogiendo al mismo
niño o niña, de los
que sabían que el próximo
verano no podrán ver a su ‘hijo
adoptivo’ porque ha cumplido
los doce años (la edad límite
para participar en el programa), o
de aquellos que podrán disfrutar
de la compañía de sus
pequeños, porque permanecerán
en España. Éste es el
caso de una familia de Jaén,
que ha pasado una semana en El Puerto
para que el chaval que tienen en acogida
estuviera con su hermano, que regresaba
ayer con su familia. De hecho, van
allí donde esté el más
pequeño de los hermanos, pues
el año pasado estuvieron en
Alicante.
Lo cierto es que ayer se vivieron
imágenes entrañables
en la avenida de la Diputación,
los pequeños saharauis con
sus mochilas cargadas de obsequios
para sus familias allí en Tinduf;
otros hablando por el móvil
para despedirse de las personas que
han conocido; algunas aferrándose
a los regalos que les habían
hecho sus amigas este verano, pero
sobre todo, y cuando inició
su partida el autobús, rostros
pegados a las ventanillas con lágrimas
en los ojos y pañuelos de papel
entre las manos.