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Lágrimas de esperanza
   
  
  
Publicada: 22/08/2004
Autor: El Puerto Información
  
  
  
Las familias portuenses despiden a los niños saharauis que regresan a Tinduf

Los rostros de los 39 niños saharauis que partían ayer rumbo a Tinduf (en Argelia), dejando en El Puerto su segundo hogar, reflejaban una mezcla de tristeza y alegría a la vez. Una imagen que se repite cada año a los pies de un autobús con el que comienzan un largo camino de regreso, y donde sus familias de acogida les dejan, con un nudo en la garganta y con la esperanza de volver a verlos el próximo verano.

Llegadas las doce del mediodía, y con la ‘resaca’ de la fiesta de despedida celebrada la noche anterior en el Polideportivo Municipal de La Puntilla, la treintena de familias portuenses que han participado en el programa Vacaciones en paz, que puso en marcha Amal Esperanza hace ya once años (igual que hicieron otras con distinto nombre en el resto de la provincia y de Andalucía), se acercaron hasta la avenida de la Diputación para despedirse de los pequeños, que vuelven con sus familias felices y cargados de regalos.

Sin duda, el día de ayer no fue fácil, no sólo para los niños saharauis que han pasado unas semanas inolvidables en un mundo totalmente diferente al suyo, sino sobre todo para las familias que los han acogido como a un hijo más, y para los hijos de éstos, que han encontrado un amigo con el que compartir sus experiencias.

Acompañados por cuatro integrantes de la asociación y por la monitora de los nueve niños que formaban parte del proyecto de discapacitados, puesto en marcha gracias a la colaboración de Afanas, los saharauis tenían previsto unirse ayer a los demás pequeños que han pasado sus vacaciones en el resto de la provincia de Cádiz, un total de 600, que regresaban en avión vía Málaga a los campamentos de refugiados de Tinduf, según el presidente de Amal Esperanza, Jesús Espinar, quien recordó que dos niños se quedan en El Puerto, uno hasta noviembre, que regresará después de ser intervenido por un problema de garganta, y otro todo el año, porque se tiene que someter a una operación de cataratas para que pueda recuperar hasta un 70 por ciento de visión.

Para Jesús Espinar, y para las demás familias que han acogido este verano a saharauis, “ha sido un año de experiencias inolvidables, pues la presencia de nueve niños discapacitados ha supuesto un nuevo reto de acogida”. De hecho, tanto éstos como los demás niños se han adaptado a esta situación temporal sin problemas, no sólo los que repetían la experiencia, sino también los que venían por primera vez.

La fiesta del viernes por la noche sirvió para superar el “mal trago” que todos iban a pasar el sábado por la mañana en la despedida, aunque Jesús Espinar reconoce que “son once años de experiencia y el mal trago de todos los años”, que se acaba pasando porque muchas familias saben que el próximo verano volverán a encontrarse.

Éste era el testimonio de algunos de ellos, de los que llevan varios años acogiendo al mismo niño o niña, de los que sabían que el próximo verano no podrán ver a su ‘hijo adoptivo’ porque ha cumplido los doce años (la edad límite para participar en el programa), o de aquellos que podrán disfrutar de la compañía de sus pequeños, porque permanecerán en España. Éste es el caso de una familia de Jaén, que ha pasado una semana en El Puerto para que el chaval que tienen en acogida estuviera con su hermano, que regresaba ayer con su familia. De hecho, van allí donde esté el más pequeño de los hermanos, pues el año pasado estuvieron en Alicante.

Lo cierto es que ayer se vivieron imágenes entrañables en la avenida de la Diputación, los pequeños saharauis con sus mochilas cargadas de obsequios para sus familias allí en Tinduf; otros hablando por el móvil para despedirse de las personas que han conocido; algunas aferrándose a los regalos que les habían hecho sus amigas este verano, pero sobre todo, y cuando inició su partida el autobús, rostros pegados a las ventanillas con lágrimas en los ojos y pañuelos de papel entre las manos.

 

  
  
  
  
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