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Un
verano inolvidable |
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Publicada:
10/06/2005 |
Autor:
El Puerto Información |
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27
familias son las que recibirán
la llegada de un nuevo miembro procedente
del Sáhara
Nuestro objetivo: llegar a la treintena
de familias acogedoras”. Así
lo explica el presidente de Amal Esperanza,
Jesús Espinar, ante la inminente
llegada de los niños saharauis
que, un año más, vendrán
a pasar el verano a la ciudad.
Espinar confía en cumplir las
previsiones estivales, por lo que espera
que antes del día 15 de este
mes algunos padres más se animen
a recibir en su seno familiar a un nuevo
miembro procedente del Sáhara.
“Y es que nuestro compromiso fue
traer 600 niños a toda la provincia
y nosotros queremos cumplir con nuestra
parte del cometido”.
Hasta el momento, la respuesta por parte
de las familias portuenses ha sido muy
buena. “El 60% de las familias
repiten la experiencia mientras que
hay una decena aproximada de padres
y madres que acogen por primera vez”.
Los días se acercan. El verano
ya está a la vuelta de la esquina
y la ansiada llegada de los niños
saharauis se producirá el 17
de este mes, por lo que “muchos
incluso acudirán a las fiestas
de fin de curso de sus hermanos españoles”,
como indicó Espinar. Pero el
esfuerzo de la asociación se
incrementa al saber de primera mano
que la situación en el Sáhara
“cada vez está peor. Los
alimentos comienzan a escasear y la
ayuda humanitaria es menor con el paso
de los días”. El presidente
de Amal Esperanza hace hincapié
en que estas vacaciones en paz son todo
un aliciente para los niños que
vienen y una ilusión para las
familias que los reciben.
Y siempre hay una primera vez. Trinidad
Rodríguez es madre de acogida
desde hace siete años y relata
cómo se decidió a acoger
“por primera vez”.
“Me lo comentaron unos amigos
y me pareció buena idea. Nunca
llegué a pensar que me engancharía
la experiencia, tanto es así
que mantengo contacto directo con las
familias de los niños para saber
cómo están y es que cada
niño que pasa por mi casa, es
un hijo más para mí”.
Resalta que “nunca dan problemas,
sólo dan cariño y, encima,
son muy agradecidos”. Destaca
que “todo lo que tú les
puedes dar, ellos te lo devuelven con
creces con cada gesto que te dedican”.
Trinidad cuando recibió por primera
vez a un niño de 14 años,
su hijo apenas tenía 8 años
y “al ser hijo único pensé
que podría tener celos pero me
equivoqué, se convirtió
en su mejor amigo”.
La madre comenta que los niños
durante la primera semana son poco habladores,
observan y no piden “prefieren
ver cuáles son las normas de
conducta de la casa”. Pero a partir
de la segunda semana hablan, comentan
las comidas que más les gusta
“pero nunca exigen porque no están
acostumbrados”.
Entre las anécdotas que cuenta
Trinidad, recuerda que “tuve a
un niño de 7 años y detecté
que el water se había despegado
del suelo. A los pocos días,
descubrí que el pequeño
no sabía que había que
sentarse en la taza y el pobre se ponía
de pie como si fuese una letrina”.
Y es que las diferencias culturales
son notables y de ellas también
se aprende pues las familias adquieren
conocimientos que provienen de otro
extremo de la geografía, “es
un intercambio y enriquecimiento cultural,
en todos los sentidos”.
Otra de las madres que lleva acogiendo
a niños saharauis desde 1993
es Milagros Cruz. Ese fue el primer
año en que llegaron niños
del Sáhara para pasar en esta
ciudad sus vacaciones. “Entonces
fuimos 23 familias las que nos animamos
a llevar a cabo esta nueva experiencia”
ya después, comenzó su
involucración en la asociación
e incluso ha viajado en cinco ocasiones
a los campamentos en los que viven muchos
de los niños que pasaron por
su casa. “Mis hijos ya preguntan
que cuándo vendrá Fátima”.
Un grifo, el movimiento de una lavadora,
el mar, una piscina, un centro comercial,
un cajero automático, un ascensor
o una simple escalera son todo un mundo
por descubrir para unos niños
que en un par de meses volverán
a casa con las mismas ganas con las
que vinieron.
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