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Reflexión política de Amal Esperanza
   
  
  
Publicada:23/04/2006
  
  


En los últimos días hemos podido ver en la prensa la constatación de lo que ya sabíamos: el todopoderosísimo rey de Marruecos prepara un plan de autonomía para el Sahara Occidental, al objeto de ser presentado en la O.N.U. Este plan, que no puede ser otra cosa que un mecanismo de defensa ante la creciente pérdida de legitimidad de las posiciones marroquíes en el conflicto, se guarda tan celosamente que, salvo el objetivo último del mismo (la autonomía), nada se sabe de él. Ahora parece que va a ser entregado al Real Consejo Consultivo para los asuntos saharianos, un órgano que, según El Pais de 26 de marzo, existe desde 1999, pero cuya composición fue renovada el día antes de la publicación de la noticia, en una nueva demostración del talante de reyezuelo africano, en la peor acepción de este término, de que hace gala Mohamed VI ante la mirada impasible de la Comunidad internacional: entrega un Plan de alto alcance a un Consejo que, a pesar de ser nombrado por él, muy afín no debía serle cuando lo renueva justo para estudiar dicho Plan.

Por las propias declaraciones de Mohamed VI, realizadas en la reciente visita a El Aaiun, el Consejo Consultivo deberá “ ...contribuir a defender la marroquinidad del Sahara”. Observemos esta frase con detenimiento:

1. En primer lugar, en cualquier régimen mínimamente democrático no se le ordena a un Consejo lo que ha de decir; al ser Consultivo, luego el que consulta podrá decidir lo que le plazca, pero un personaje dictatorial no puede, obviamente, permitir ni siquiera un consejo discordante; por eso, avisa de antemano sobre cual debe ser el sentido de la respuesta a la consulta.

2. Al dejar clara cual es la finalidad del Plan (pensamos que, para él, el contenido es lo de menos; lo único importante es el fin), está ratificando que no piensa con él cumplir ninguna de las resoluciones del Consejo de Seguridad habidas sobre el conflicto, entre ellas el Plan Baker II adoptado por unanimidad de dicho órgano en 2003.

3. Obviamente, y ante la comprensión de nuestro gobierno, las autoridades marroquíes no han acreditado a la prensa española para la visita real al Sahara ocupado, en lo que es una muestra mas de desprecio por la libertad de expresión, los comportamientos democráticos, y el talante real de “nuestro amigo del sur”,

Ante tal estado de cosas, nos surgen bastantes interrogantes que, a modo de fomento del debate público, dejamos sobre el tapete sin contestar, aunque para nosotros están claras las respuestas:

1. ¿Podemos entender que un representante del partido en el gobierno, con altas responsabilidades entre las que están ser el portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, diga textualmente sobre esta desconocida propuesta que “...puede abrir un nuevo escenario que la comunidad internacional deberá analizar (diario El Pais, 26 de marzo de 2006)”?¿Cómo lo sabe, si aún nadie conoce el contenido?

2. ¿Dónde está el compromiso indeleble del gobierno español con la legalidad internacional, aquella que se ha reclamado, con razón, en caso de resoluciones sobre Irak, Palestina, Afganistán,...y tantos otros casos en los que cumple e invita a cumplir taxativamente las resoluciones de Naciones Unidas?

3. ¿Cómo casa el interés de España de ser protagonista en el concierto de las naciones, en el que casi nunca pintamos nada, y la táctica del avestruz desplegada en el único conflicto en el que, por la situación legal del territorio en disputa, la voz española es de un poder real y moral incuestionable?

4. La misma noticia de El Pais dice que “...el gobierno guarda silencio...”¿Se esconde nuestro gobierno en este asunto o, por el contrario, al negarse a hacerse depositario de la tremenda deuda histórica de España con el pueblo saharaui siente tal vergüenza a exponer públicamente su posición que prefiere callar y actuar bajo la mesa?

Dejamos, como hemos dicho, estos interrogantes sobre el tapete, pero no podemos concluir sin decirle al gobierno de España que, en el Movimiento de solidaridad con el pueblo saharaui somos muchos, somos conscientes de nuestro poder, y que queremos que nuestro gobierno lidere el proceso de forma clara, adoptando el papel que, en este asunto, le corresponde a nuestro país.




  

 
  
  
  
  
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