Entrevista a Aminatu Haidar
(El Aaiún, 1966) que acaba
de pasar seis meses en la Cárcel
Negra por defender los Derechos Humanos
en el Sahara. Publicada en La Provincia
de Las Palmas:
- La
intifada saharaui está a punto
de cumplir un año, ¿se
están consiguiendo los objetivos
marcados?
El pueblo saharaui
ha estado resistiendo 30 años.
La represión marroquí
no es nueva, lo que ha habido es un
bloqueo informativo durante décadas.
Tras el descubrimiento del sufrimiento
de la población saharaui por
parte de la opinión pública
internacional, habrá una solidaridad
mayor. De hecho, el último
informe de Kofi Annan ya menciona
las violaciones de los derechos humanos
en los territorios ocupados. Este
método de lucha pacífica
es el óptimo, a pesar de que
tiene un coste muy alto.
Ese
coste lo paga la población
de los territorios, ¿se sienten
totalmente respaldados por Tinduf?
Es la misma
lucha, es el mismo pueblo que fue
obligado a dividirse en dos partes.
El problema es que quienes vivimos
en los territorios ocupados hemos
sido incomunicados del mundo exterior.
El representante único y legítimo
del pueblo saharaui es el Frente Polisario.
¿Teme
que la represión marroquí
pueda generar una vuelta a la guerra?
Si Marruecos
persiste en esta atrocidad, en las
violaciones de los derechos humanos,
podría haber un retorno a las
armas. No es la solución, porque
somos amantes de la paz.
¿Y
la autonomía?
Para los saharauis
no hay otra alternativa que la autodeterminación.
¿Cómo
combate el miedo tras haber sido golpeada,
detenida, encarcelada y torturada
en varias ocasiones?
Ésta es
una cuestión muy importante.
Cuando alguien sacrifica su beneficio
personal, ser una madre y la familia
y se entrega a la lucha y al sacrificio,
es sólo consecuencia de una
convicción y un compromiso
con los caídos, con los que
han dado su vida por esta causa. Otro
elemento fundamental es la convicción
férrea de la justa lucha de
nuestro pueblo. En realidad, ya no
tenemos nada que perder porque ya
hemos perdido demasiado.
Pero
da la sensación de que los
saharauis del interior han perdido
el miedo, de que algo ha cambiado.
Sé que
mi destino podría ser el mismo
que el de Alí Salem Tamek,
del aeropuerto de El Aaiún
a la cárcel, cuando regrese.
Pero nuestra lucha es justa y el sacrificio,
continuo.
¿Ser
un símbolo forma parte de ese
sacrificio?
Yo no soy un
símbolo, sí lo es toda
la población saharaui que está
sufriendo, tanto bajo dominio marroquí
como en los campamentos. Personalmente
no tengo ninguna ambición en
ser símbolo de nada.
¿Cree
que Marruecos podía haber respondido
de otra manera ante la intifada?
La agresividad
marroquí ha sido atroz desde
el 21 de mayo, con centenares de personas
golpeadas, torturadas y encarceladas.
Y cuanta más resistencia han
mostrado los activistas de los derechos
humanos, más agresivo se ha
mostrado el régimen marroquí.
Pero esto ha forjado una manera de
aguantar en los territorios ocupados,
nos ha hecho más fuertes. La
generación que florece ahora
es la más resistente.