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Artículo publicado en ABC.ES
Dos Saharas, dos Españas

   
  
  
  


Se cumplen 30 años de la salida de España del Sahara Occidental, gesto que aprovechó el Frente Polisario para proclamar una República que vive un incierto futuro

El 26 de febrero de 1976 España arrió definitivamente la bandera en la sede del Gobierno de El Aaiún

AUTOR: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL

CAMPO DE EL AAIÚN (ARGELIA).26/02/2006.- En la mañana del 26 de febrero de 1976, España arrió de manera definitiva su bandera, todavía con el águila, en la sede del Gobierno de El Aaiún en el Sahara Occidental, hasta entonces la provincia española número 53. Es lo que se denominó la «Operación Golondrina», culminada unas semanas después de que el Rey Hasán II de Marruecos ocupara el territorio por medio de la Marcha Verde.

Los sentimientos de los saharauis son desde entonces una mezcla de dolor, por un lado, debido a la forma en que se marchó la potencia colonial, que dejó el vasto territorio en manos de Marruecos y Mauritania, y de esperanza, por otro, ante la posibilidad de que la responsabilidad histórica siga removiendo conciencias en los despachos de Madrid. El asentamiento de los españoles en esta parte del continente africano data de 1884. Con ellos nacieron, crecieron y se desarrollaron -aunque esto menos- las tres grandes ciudades que hoy jalonan lo que los marroquíes llaman sus «provincias del sur»: Dajla, El Aaiún y Esmara.

Pero el conflicto armado que se abrió con la ocupación marroquí de la ex colonia desplazó a la «hamada» argelina a decenas de miles de refugiados saharauis que aún hoy tienen este inmundo lecho de piedras por único acomodo. Por eso hoy en día se puede hablar de la existencia de dos Saharas. Uno, donde viven los saharauis bajo la ocupación de Rabat junto a miles de colonos marroquíes llegados desde 1975. Y otro, el que corresponde a los campos de refugiados en tierras argelinas y la zona denominada como Sahara Occidental liberado, es decir, lo que se quedó fuera del muro de más de 2.000 kilómetros levantado por Marruecos durante la guerra.

Sahara Liberado

A pesar de todo, el Frente Polisario celebra desde ayer en los campos de refugiados el treinta aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), anunciada en la localidad de Bir Lahlu (Sahara Liberado) el 27 de febrero, horas después de la salida de los españoles.

Hasta los campamentos se han desplazado varios cientos de personas para asistir a los actos festivos y apoyar la causa saharaui. La mayoría son españolas y representan al grueso de una sociedad civil que siente el problema como suyo. Ellos suponen uno de los escasos apoyos firmes en la defensa del derecho a la autodeterminación de los saharauis, pues aunque cada vez son más los países que dan su reconocimiento a la RASD ninguno de ellos es europeo y el conflicto sigue sin despertar el interés de la comunidad internacional.

Frente a esta masiva presencia en el aniversario de la república de la sociedad civil española contrasta la ausencia del miembros del Gobierno, que aunque oficialmente siguen defendiendo la legalidad de la ONU a pocos escapa que se ha alineado con las tesis de Rabat.

Esto hace que, al igual que se puede hablar de dos Saharas, también se puede hablar de dos Españas. Una la de la calle, que sigue defendiendo la celebración del referéndum de autodeterminación, y otra, la oficial, defensora de un Sahara bajo bandera marroquí.

La trilogía de dualidades se cierra así con la existencia de dos realidades enfrentadas en torno al conflicto saharaui. Una la realidad legal, la que oficialmente debería defender la ONU y no puede o no quiere. Y otra, la del miedo a la inestabilidad que generaría en esta parte de África el nacimiento de un nuevo Estado. Es la realidad a la que se han apuntado muchos ante el toque de corneta estadounidense que insiste en señalar la zona del desierto del Sahara como un nido de terroristas cercanos a Al Qaida. Es, por el momento, la realidad que pone muy difícil el cumplimiento de la legalidad, el sueño de miles de saharauis que estos días celebran los treinta años de una república inexistente para la mayor parte del mundo.

 
AUTOR: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIA
  
  
  
  
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