Por Ana Camacho
/ Febrero 2006
Mohamed Abdelaziz,
presidente de la República
Árabe Saharaui Democrática,
no cree que la verdadera razón
del recorte de la ayuda humanitaria
anunciado en agosto por la Organización
Europea de Cooperación Humanitaria
(ECHO) se deba, como afirman los responsables
del organismo, a una escasez de recursos
de la UE. Debido a ello, esta aportación
en alimentos y medicinas cubrirá
sólo las necesidades de 90.000
refugiados en lugar de las de 158.000,
como hasta ahora. Habrá problemas,
reconoce Abdelaziz, en los campamentos
del Frente Polisario, en el sur de
Argelia. Pero, en su opinion, la intifada
(protesta) que desde mayo se ha convertido
en la peor de las pesadillas de las
fuerzas marroquíes en el Sahara
que ocupan ilegalmente, debería
servir de advertencia para los que
todavía confían en doblegar
la voluntad de su pueblo para que
renuncie al derecho de autodeterminación
que le reconoce la legalidad internacional.
¿Va
a afectar la reducción de las
ayudas europeas a la situación
de los campamentos saharauis?
Las ayudas europeas
son muy importantes pero no son las
únicas. Desde 1975, el Gobierno
de Argelia, al que estamos muy agradecidos,
ha jugado un papel clave para el éxito
de la resistencia saharaui en la hamada.
Empezó por ceder una parte
de su territorio donde los huidos
de la invasión marroquí
pudiesen organizar su existencia y
fue dando su apoyo en temas vitales
como la salud, el abastecimiento de
agua, la alimentación, la vivienda
y la enseñanza. Luego están
las ayudas humanitarias ofrecidas
por el PAM, el ACNUR, la ECHO que
son las que, en agosto, nos anunciaron
que se iban a recortar de acuerdo
con el censo de personas en situación
vulnerable que ellos consideran ya
no son 158.000 sino 90.000. Se trata
de una ayuda que no siempre cumple
con los plazos de entrega y que es
pobre en cantidad y en calidad: la
cesta que destina mensualmente a cada
individuo contiene unos 13 kilos de
harina, un kilo de azúcar,
un litro de aceite y un kilo de legumbres
secas. Pero no contiene carne, ni
pescado, ni leche, ni verduras, ni
fruta. Aun así, la decisión
del Polisario de seguir cubriendo
las necesidades de los casi 70.000
necesitados que han quedado excluidos,
creará unos desequilibrios
que, seguramente, acabarán
exponiendo vidas humanas a la muerte,
especialmente entre las mujeres y
los niños. Afortunadamente,
contamos con la ayuda de Argelia que,
estoy seguro, no va a dejar que el
pueblo saharaui se muera de hambre
en la hamada.
Algunos
dirigentes saharauis ven detrás
de esta decisión una maniobra
política que intenta utilizar
las ayudas como un arma en vuestra
contra…
Los europeos,
que han liderado este recorte, alegan
que se ven obligados a efectuar la
reducción ante la falta de
recursos que padecen. Pero el volumen
de las ayudas humanitarias destinada
a los refugiados saharauis no es tan
grande y, desde luego, no creo que
un millón de dólares
destinado anualmente a las medicinas
de los saharauis vaya a poner a Europa
en la bancarrota. No nos van a convencer
de que es la escasez de recursos la
que les impide garantizar esa, ya
de por sí, reducida ayuda.
Pero les recuerdo que los saharauis
no se convirtieron en refugiados por
culpa de una catástrofe natural,
ni de una guerra civil, sino como
consecuencia de la firma en 1975 de
los Acuerdos tripartitos de Madrid
y de la invasión marroquí
con los que se cometió una
clara violación al derecho
internacional. Desde que empezó
el duro viaje del exilio, nuestro
pueblo sigue esperando que se celebre
un referéndum de autodeterminación
que resuelva el conflicto. Si tanto
interés hay en ahorrar recursos,
lo mejor que pueden hacer los europeos,
los españoles y la comunidad
internacional es asumir sus responsabilidades
para que la ONU pueda celebrar la
consulta con las debidas garantías
lo antes posible. Los saharauis no
pedimos más que eso, porque
los recursos de nuestra tierra son
suficientes para que vivamos todos
allí sin tener que depender
de ninguna limosna. Se equivoca quien
se haga ilusiones de que los saharauis
acabarán rindiéndose
al colonialismo de Marruecos. No,
los saharauis no se rendirán
nunca al colonialismo marroquí.
¿Qué
opina del silencio del actual Gobierno
español ante las detenciones
y muertes en el Sahara ocupado?
Creemos que es
responsabilidad de España,
potencia administradora del Sahara
Occidental, declarar con voz alta
y clara su apoyo firme al derecho
del pueblo saharaui a la autodeterminación
y la condena a la violación
de los derechos humanos cometida por
Marruecos en nuesta tierra. No queremos
decir con ello que España tiene
que entrar en guerra contra Marruecos;
al contrario, nosotros deseamos que
España mantenga buenas relaciones
con el denominado vecino del sur.
Pero lo que no podemos aceptar es
que para obtener ese tipo de relación
y cooperación se dé
a todo un pueblo como precio. Mientras
no se resuelva el innegable derecho
del pueblo saharaui a la autodeterminación,
este problema seguirá persiguiendo
la conciencia de España y seguirá
causando mala fama al Estado español
a nivel internacional.
¿La
intifada saharaui ha modificado la
percepción en el interior de
Marruecos en relación con el
conflicto del Sahara?
La intifada ha
creado una situación nueva
a la hora de analizar la cuestión
saharaui, incluso en el interior de
Marruecos, donde ha logrado abrir
un fuerte debate en el que los que
lo tienen más difícil
son aquellos que defienden la represión
de los saharauis. Pero el gran cambio
es que entre las voces que se pronuncian
en contra de las detenciones y los
abusos que sufren los saharauis están
también las de quienes con
mucha valentía reconocen, abiertamente,
el derecho del pueblo saharaui a la
autodeterminación. La solidaridad
del pueblo marroquí con los
saharauis, en varios niveles, se manifiesta
ahora, por ejemplo, en las reuniones
y comunicados de partidos como el
de la Vía Democrática.
O en la postura adoptada por entidades
que no pueden ser tachadas de proindependentistas
como es el caso de la Asociación
Marroquí de Derechos Humanos
y que, sin embargo, envía a
sus abogados para hacerse cargo de
la defensa de los presos políticos
saharauis y considera que no se les
puede detener por el mero hecho de
manifestarse a favor de la autodeterminación
y el referéndum de la ONU.
O las muestras de solidaridad que
algunos sectores de los universitarios
marroquíes exhiben públicamente
en los actos informativos y las protestas
que nuestros estudiantes organizan
en ciudades como Agadir, Marraquech,
Rabat y Casablanca. Son síntomas
de que estamos en el buen camino,
de que es posible esperar una evolución
positiva de la situación.
¿Este
camino ha facilitado contactos entre
el Frente Polisario y fuerzas políticas
marroquíes?
Sí, existen
contactos con algunas fuerzas políticas
marroquíes, a nivel de debate,
y esto es algo nuevo.
¿Ha
tenido algún efecto positivo
la liberación de los últimos
presos de guerra marroquíes
que permanecían en poder del
Frente Polisario?
Lo lógico es que Marruecos
hubiese respondido a este gesto nuestro
con la liberación de los presos
saharauis. No ha sido así,
pero el paso que nosotros hemos dado
ha reforzado nuestra posición
en el escenario internacional. Nosotros
hemos avanzado en coherencia con el
plan de paz de Naciones Unidas y con
el Plan Baker, adelantándonos
incluso a las etapas marcadas en la
cuestión de los presos. Ahora
ya no existe ese “pero”
que muchos de nuestros interlocutores
sacaban siempre a relucir para probar
que los saharauis también tenemos
una parte de culpa en el estancamiento
de la aplicación de las resoluciones.
Ahora ya nadie puede echarnos en cara
que nosotros también tenemos
una mancha que afea nuestro historial
en materia de derechos humanos y han
quedado sin tapadera los obstáculos
que el Gobierno marroquí pone
a la solución justa y definitiva
del conflicto. Ahora sólo queda
la mancha de la cruel y reiterada
violación de los derechos humanos
de las fuerzas de ocupación
marroquíes contra una población
civil indefensa.
Naciones
Unidas no se ha pronunciado hasta
ahora sobre la represión marroquí
en el Sahara. ¿De qué
les ha servido a los saharauis el
despliegue de los cascos azules?
Podemos decir
que las ONU es la institución
que todo el mundo insulta y que todo
el mundo necesita. Cierto es que Naciones
Unidas nos dio la palabra de honor,
en 1991, de que en el plazo de ocho
meses iba a celebrar el referéndum
de autodeterminación, cosa
que hasta hoy en día no ha
ocurrido. También nos dio esa
misma palabra de honor en 1997, con
la llegada de James Baker, de que
iba a celebrar el referéndum
en unos meses, y seguimos esperando.
En cada una de
estas ocasiones la ONU nos ha pedido
una concesión, asegurándonos
que era la última, que ésa
era la última contribución
que nos pedía a cambio de un
firme compromiso para celebrar el
referéndum. Y, cada vez, cuando
hemos cedido, no hemos vuelto a saber
más de la consulta. Para colmo,
los marroquíes ahora ejercen
la represión y asesinan a saharauis
en las zonas ocupadas bajo la bandera
de la ONU y seguimos sin oír
de boca de sus representantes una
denuncia clara contra el régimen
marroquí. Como es lógico,
todo ello ha causado una gran decepción
y pérdida de confianza en la
ONU por gran parte de nuestra opinión
pública. Sin embargo, el simple
hecho de la presencia de la bandera
de las Naciones Unidas en el Sahara
Occidental es una prueba definitiva
de que nuestra tierra no es marroquí.
Por eso, a pesar de todo, seguimos
siendo firmes partidarios de la permanencia
de los cascos azules en el territorio
y hacemos un llamamiento para que
la ONU cumpla lo antes posible el
objetivo por el que se instaló
en el Sahara Occidental.
Vamos a continuar
nuestro movimiento de resistencia
pacífica contra la ocupación
marroquí; pero, hoy por hoy,
mantendremos el alto el fuego, con
las manos tendidas a las Naciones
Unidas para darles toda nuestra colaboración
para el logro de ese objetivo. Ojalá
que la ONU, España, la Unión
Europea y Estados Unidos se convenzan
ya de que esta intifada saharaui,
este movimiento de protesta y resistencia
pacifico, es una muestra clara de
que los saharauis pase lo que pase,
no van a ceder y que la única
solución pasa por el respeto
a la legalidad internacional.
Este
verano, en una estancia en España
le dio las gracias al ex presidente
José María Aznar por
el apoyo de su Gobierno a la causa
saharaui. ¿Qué es lo
que le agradece?
Ante todo, quiero decir que
la responsabilidad de defender la
ley internacional, es decir, el derecho
del pueblo saharaui a la autodeterminación,
y la responsabilidad de España
en cuanto al Sahara Occidental, no
tiene nada que ver con una cuestión
ideológica de un partido u
otro, como no puede depender de la
persona o tendencia que dirige el
partido (sea del signo que sea) que
gobierna en un determinado momento,
porque es una cuestión de todos
los españoles, partiendo desde
el rey hasta el último ciudadano
de España. Por lo tanto, no
puede ser una cuestión para
el Partido Popular más que
para el Partido Socialista, sino que
es una cuestión para todos
los partidos. Quiero subrayar que,
en general, todos los españoles
han manifestado su comprensión
y solidaridad con la cuestión
del Sahara Occidental.
Lo que sí
es verdad es que el señor Aznar
estuvo muy claro en su defensa del
referéndum de autodeterminación
del pueblo saharaui, en un momento
muy difícil para nosotros.
Fue cuando se planteó en Naciones
Unidas el llamado Acuerdo Marco, que
es una reflexión desde el exclusivo
punto de vista marroquí, que
nosotros rechazamos rotundamente.
Entonces el Gobierno de España
estuvo muy claro al mostrar su apoyo
al referéndum de autodeterminación.
Por eso, elogiamos la posición
del que entonces era presidente del
Gobierno, una posición que
le honra y, por tanto, una posición
que honra a todos los españoles.
El Plan
Baker que el Polisario aprobó
prevé un referéndum
de autodeterminación que permite
votar a los colonos marroquíes.
Dada su superioridad numérica
frente a la población saharaui,
¿no tienen miedo a perder la
posible consulta?
Claro que supone
un gran riesgo. Todavía tenemos
muchos problemas con nuestras bases
por ello. El admitir el voto de los
colonos fue una de las muchísimas
concesiones que hizo el Frente Polisario
para abrir el camino a la solución
pacífica. El plan Baker no
está a favor al cien por cien
del pueblo saharaui. Contiene algo
de lo que reclama el Polisario, pero
no todo, y considera algo de las preocupaciones
de Marruecos, pero no todas. Lo importante
para nosotros es que, al final, se
celebre un referéndum con las
garantías internacionales,
que se haga libre y democráticamente
y que se incluya la independencia
como una de las opciones. Los que
no aceptan el plan Baker, ¿qué
más concesiones piden del pueblo
saharaui? Por el bien de la paz, nosotros
hemos asumido nuestras responsabilidades
y el riesgo. La cuestión es
que el régimen marroquí
es colonialista y nada democrático;
no tiene confianza en las urnas, entre
otras cosas. Las pretensiones que
señalan el Sahara como una
cuestión sobre la que converge
la unanimidad del pueblo marroquí
es también una gran mentira.
Nº 504 Febrero 2006 / AKAMASOA
- De la pobreza a la dignidad