Hace
unos 3.000 años los sanhaja, pueblo
antecesor de los diferentes grupos bereberes
iniciaron una migración desde el
norte hacia el noroeste de África.
En su avance, fueron expulsando hacia
el sur a la población de piel negra
que vivía en el Sáhara,
hasta que llegaron a ocupar todo el territorio.
Sin embargo, el control de los sanhaja
sobre el desierto no fué completo
hasta que empezaron a utilizar el camello,
hace aproximadamente 2.000 mil años.
Durante
muchos siglos los sanhaja que habitaban
la zona del Sáhara occidental se
enfrentaron a otros pueblos con el objetivo
de mantener el control de las rutas que
atravesaban el desierto de norte a sur.
Pese
a que los sanhaja se convirtieron al Islam
en el siglo VIII, la islamización
fue muy superficial y no se consolidó
hasta su adhesión al movimiento
almorávide en el siglo XI.
A principios del siglo XIII un pueblo
árabe beduino procedente del Yemen,
los Beni Hassan, ocupó el Sáhara
sometiendo o expulsando a los otros pueblos
que encontraron. Dos siglos después
se extendieron por el sudoeste del Sáhara
y entraron en contacto con los Sanhaja.
La relación entre los Beni Hassan
y los Sanhaja fue compleja. Se establecieron
acuerdos, pero también hubo enfrentamientos,
como el de Shur Bubba. Al cabo de los
siglos, los Sanhaja y los Beni Hassan
acabaron por fusionarse. De ellos desciende
la mayoría de la población
saharaui. Otra parte de la población
tiene un origen diferente. La población
negra es originaria del sur y a los artesanos
se les atribuye su origen en el Africa
oriental.
Hacia finales del siglo XVI el sultán
de Marruecos, Ahmad el Mansor, envió
una expedición a conquistar Tumbuctú,
núcleo de caravanas e importante
centro comercial. El impacto de dicha
expedición sobre las tribus del
Sáhara fue casi nulo. Aunque Tombuctú
pagó tributos al sultán
durante casi un siglo, los saharauis en
ningún momento se sometieron al
poder del sultán marroquí.
Los
contactos de la población saharaui
con los europeos comenzaron en el siglo
XV. Los mitos que hablaban de las riquezas
de Asia o del oro del Sudán, fueron
impregnando las mentes de los europeos.
En ese mismo siglo empezaron a explorar
el mar y tuvieron lugar los primeros intentos
de descubrir nuevas rutas comerciales
en las costas atlánticas de África.
En
la primera mitad del siglo XV se exploró
la costa de Marruecos hasta el cabo Bojador,
y en el año 1445, Joao Fernandes
viajó hacia el interior del Sáhara
Occidental. De este modo se inició
el comercio de españoles y portugueses
con los imperios africanos y con las tribus
saharianas que controlaban las rutas de
caravanas.
En la costa se fundaron factorías
comerciales que atrajeron a los comerciantes
africanos. Para evitar conflictos entre
ellas, las potencias coloniales firmaron
diferentes tratados, como el de Alcaçovas
en 1479, o el de Tordesillas en 1497,
mediante los cuales se fijaron las zonas
de influencia de los dos imperios español
y portugués en el África
occidental.
En
1886 se iniciaron negociaciones para definir
las fronteras entre la zona francesa y
la española, que continuaron con
acuerdos en 1900, 1904 y 1912. Pero debido
a la resistencia de los saharauis, el
control del Sáhara Occidental por
parte de los españoles no se hizo
efectivo hasta mucho más tarde.
Debido
a las constantes rebeliones que se producían
en el Sáhara Occidental, en 1934
Francia amenazó a España
con la ocupación de los esos territorios.
Esta amenaza llevó a una cooperación
militar franco-española para destruir
el movimiento de resistencia anticolonial
del pueblo saharaui lo que posibilito
la explotación de las riquezas
y el control del pueblo saharaui por parte
de la potencia colonial española.
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