Los
corresponsales españoles se
quejaron en un comunicado del acoso
al que les sometía Rabat
IGNACIO CEMBRERO - Madrid - 27/03/2008
Los periodistas
españoles acreditados en Rabat
publicaron ayer un comunicado en el
que formulaban una serie de quejas
sobre el trato que les otorgaban las
autoridades marroquíes, pero
las gestiones del Ministerio de Asuntos
Exteriores han logrado resolver en
pocas horas un problema que se arrastraba
desde hacía meses, según
ha anunciado su portavoz.
Lanzamos "un
último grito desesperado ante
una situación que consideramos
insostenible". Doce corresponsales
españoles acreditados permanentemente
en Marruecos denunciaban el acoso
que padecen por parte de las autoridades
marroquíes.
Tras meses de
gestiones inútiles con el embajador
de España en Rabat, Luís
Planas, y con el ministro de Comunicación
marroquí, Khalid Naciri, los
periodistas tomaban la decisión,
sin precedentes, de hacer pública
su queja.
"Todos estamos
amenazados por la arbitrariedad del
Gobierno local y nos sentimos absolutamente
desamparados", proseguía
el texto suscrito por siete representantes
de cadenas de televisión, tres
representantes de emisoras de radio,
un corresponsal de un diario y otro
de una agencia de prensa.
La cobertura
del conflicto del Sáhara
Los periodistas manifestaban a continuación
su enojo por "las presiones que
ejerce el Ejecutivo marroquí
en todo lo que respecta a la cobertura
del conflicto del Sáhara Occidental".
Concretamente,
el ministro de Comunicación,
Khalid Naciri, había informado
a la dirección de la cadena
COPE de que la acreditación
de su corresponsal en Rabat, Beatriz
Mesa, no sería renovada. Se
le reprocha haber asistido, en febrero
en Mallorca, a un acto organizado
por una asociación simpatizante
del Frente Polisario. En el acto en
Mallorca también estuvo presente
Carla Fibla, corresponsal de la cadena
SER en Rabat desde 2001, y sobre ella
pendía una amenaza similar.
Paralelamente
al comunicado los periodistas enviaron,
a través de sus medios, cartas
colectivas a la vicepresidenta del
Gobierno, María Teresa Fernández
de la Vega; al ministro de Asuntos
Exteriores, Miguel Ángel Moratinos;
y al secretario de Estado de Comunicación,
Fernando Moraleda.
En esas misivas
daban más detalles sobre lo
que describían como una peligrosa
degradación de su situación
desde enero. Informaban, por ejemplo,
de que las televisiones TVE, TV-3
y Canal Sur-TV habían sido
privadas del permiso que poseían
desde 2004 para transmitir directamente
a España vía satélite.
Señalaban
además que, tras participar
en la elaboración de un reportaje
sobre el Sáhara Occidental,
el corresponsal de TV-3, Medir Plandolit,
fue, a principios de enero, víctima
de un robo en su casa. Los misteriosos
ladrones se llevaron ordenadores e
información escrita, pero no
dinero ni objetos de valor.
Quedó
claro, en opinión de los corresponsales,
que no se trataba de un asunto de
delincuencia común. Se lamentaban
a continuación de que la policía
marroquí no les haya dado,
meses después, ninguna información
satisfactoria sobre este asunto. Su
falta de explicaciones convincentes
aumentaba la sensación de inseguridad
entre los periodistas españoles.
Tras conocerse
el comunicado, Fernández de
la Vega llamó a Moratinos y
le pidió que intentara resolver
este problema, lo que logró
en cuestión de horas. "El
asunto está solucionado en
todas sus vertientes", ha declarado
Manuel Cacho, portavoz del Ministerio
de Exteriores.
Excelentes
relaciones bilaterales
A principios de esta década
(2001-2002) las autoridades marroquíes
acosaron a varios medios de comunicación
españoles, pero aquel episodio
dio la impresión de estar en
parte relacionado con la tensión
que prevaleció en aquellos
años entre Rabat y el Gobierno
español encabezado entonces
por José María Aznar
y que generó el incidente del
islote de Perejil.
Desde que
el socialista José Luís
Rodríguez Zapatero llegó
al poder en España, las autoridades
de ambos países se jactan de
tener las mejores relaciones desde
que Marruecos accedió a la
independencia hace 52 años.
Al margen de algunos incidentes puntuales,
la prensa española nunca había
estado tan atosigada como estos últimos
tres meses.
Fuente: elpais.com